31 mayo 2016

El líder de la manada, ¿un concepto erróneo?

Se han escrito ríos de tinta sobre la organización social de los perros y de sus allegados, los lobos. La conclusión que se puede sacar de esto es que el perro tiene una organización social con una estructura muy jerarquizada en la que existen: un miembro alfa (macho), uno o dos llamados beta, luego el grueso de la manada y el omega para finalizar.



Si bien es cierto que muchas especies tienen una jerarquización como se acaba de indicar, realmente son mucho más complejas, ya que realmente no se resume a una sola pirámide jerárquica, sino que tienen una pirámide jerárquica principal y después muchas subpirámides en función de diversos aspectos de los individuos, como por ejemplo, las subpirámides de las hembras y la de los machos, las de los perros jóvenes machos y la de las jóvenes hembras, las de los cachorros machos y la de las cachorras hembras… y muchas más combinaciones que se pueden encontrar. 

Esto presenta un entramado de pirámides y subpirámides muy difícil de interpretar debido a la gran cantidad de éstas. Los últimos estudios sobre los lobos y sus estructuras sociales hacen gran hincapié en que estas estructuras son totalmente diferentes entre ejemplares en libertad y ejemplares en cautividad. Es decir, entre los que son obligados a convivir y los que se “buscan la vida” en la naturaleza. Mientras que en cautividad se forma una jerarquía muy estricta, en libertad las manadas están formadas normalmente por una pareja y sus descendientes, que normalmente se independizan antes de los tres años de edad. Los animales en cautividad se ven obligados a convivir, sin tener opción de elegir formar una manada.

Cuando los cánidos viven bajo una estructura de pirámides jerarquizadas, hay dos posiciones que son muy inestables: la de arriba del todo (miembro alfa) y la de abajo del todo (miembro omega). La primera, por derecho natural, todo miembro puede llegar a ocuparla o no abandonarla nunca; la segunda, todo el mundo quiere evitarla o salir de ella.  
Las luchas que se producen no son ganadas por el más fuerte, sino por el que tiene mejores cualidades, obviamente la fuerza es una de ellas, y muy importante, pero también tiene gran relevancia la inteligencia. Es decir, el mejor ocupará la posición más alta, y el peor, la más baja. 

Este tipo de estructura que rige a los cánidos no se da en las familias que deciden tener un perro (o no suele darse). En las familias no hay jefes, cada miembro es uno más con un ámbito de responsabilidad donde toma decisiones. Nunca en una familia uno de los miembros de más corta edad tomará la decisión de pagar a una hidroeléctrica o a otra, o a una compañía de telefonía o a otra, y el que toma esta decisión no tiene por qué ser el jefe, ni el tomar estas decisiones le otorga rango, tan solo que cada uno va tomando responsabilidades. Los padres irán enseñando a los hijos cómo tomar decisiones y cómo relacionarse hasta que sean independientes.

Vemos que son totalmente diferenciadas la estructura piramidal jerarquizada y la estructura familiar. Si a nuestro perro le enseñamos a vivir en una estructura piramidal jerarquizada con un jefe y un miembro omega, éste, por derecho natural, podrá optar por subir de rango. Estará siempre en lucha por ser el miembro alfa, sin que esta lucha tenga que ser física. Por el contrario, si a nuestro perro le enseñamos a vivir bajo la estructura familiar moderna, en la que no hay jefes, en la que “es un miembro más de la familia” y teniendo en cuenta sus parámetros de aprendizaje, el perro no intentará ser el jefe, será uno más en el seno familiar, con sus responsabilidades, decisiones y rol claramente definidos.

Hoy día el perro no vive en una manada, convive con una familia.


Fuente:  El Mundo del Perro |  Pablo J. Díaz Manzano (Especialista en Psicología Canina) www.camadaweb.com