03 octubre 2015

Llegada del cachorro a casa


El cachorro, sin castigos

Desde el primer momento el perro debe convivir con la familia, por toda la casa, salón incluido y no debe permitirse que viva confinado en la terraza, el garaje, el jardín ni ningún otro lugar. Y mucho menos argumentando que ahora es cachorro y que más adelante ya pasará a casa, cuando sepa comportarse, porque si no empieza a hacerlo desde el momento en que llega nunca aprenderá lo que debe o no debe hacer.



Tenemos que saber que, en principio, cuando el cachorro llega a casa, no sabe que hay cosas que puede hacer y cosas que no puede hacer. Hay que enseñárselo todo. Jamás nos dejaremos llevar por la ira ni la violencia cuando el perro tire de las cortinas, muerda la pata de un mueble o vacíe los cojines del sofá. Piense que el perro no sabe que eso no tiene que hacerlo. Lo que no implica que permitamos que lo haga. 

Las broncas, y mucho menos los golpes, solo conducen al bloqueo y a que el perro nos tenga miedo. Así como que es fácil que el cachorro no entienda por qué actuamos de esa manera o qué es lo que ha hecho mal. Cuando el perro llega a casa, debe estar sometido a una estrecha vigilancia continuada, le impediremos que haga lo que no debe hacer y le haremos hacer todo aquello que debe hacer. 

Nos ofrece pocas garantías de éxito el reñirlo una vez realizadas las malas acciones. Hay perros que se pasan la vida subiéndose al sofá o metiendo el hocico en el cubo de la basura. Se les riñe contundentemente cada vez que lo hacen, incluso algunos propietarios les pegan, pero estos perros continúan haciéndolo durante toda la vida, aún sabiendo las consecuencias que esto acarrea. Lo adecuado es vigilar estrechamente al perro y no permitirle que realice acciones que no debe realizar. Esto sí que nos ofrece garantía de éxito a más o menos corto plazo. Por supuesto que cada vez que intentemos explicar al perro las cosas que no debe hacer, debemos analizar si nos está entendiendo y qué es exactamente lo que le está llegando de nuestra actitud.

Cuando tratemos de impedir que haga algo que no deba hacer, que al principio serán muchas cosas, debemos dirigirnos al perro con autoridad, con seguridad, con un “NO” contundente, pero sin frases largas ni tonos agradables que den a entender al perro que lo que está intentando hacer está bien. 

Debemos ser lo suficientemente contundentes como para que se dé cuenta de que no está haciendo bien, pero sin pasarnos para que no se bloquee y pueda pensar y reaccionar de la forma esperada. 

Cada perro, como cada persona, tiene una franja cognitiva determinada. Solo la observación y el análisis de la reacción de nuestro cachorro nos indican cual es el nivel adecuado para conseguir plenamente nuestro objetivo. La compenetración de un perro con su dueño, es muy parecida a la de dos personas. Depende en gran medida de la personalidad de ambos, solo que en caso de un perro, todo o casi todo ese esfuerzo debe salir del dueño, ya que el perro no sabe hasta qué punto puede llegar una relación ni mucho menos cómo hacerlo, por lo que no va a intentar llegar a nada si el esfuerzo no sale de nosotros. 


Si cuando llegue nuestro cachorro a casa ponemos en práctica lo que hemos visto en estas líneas y tenemos en cuenta todo lo expuesto, tendremos muchas posibilidades para hacer de nuestro perro un excelente animal de compañía.


Fuente: El Mundo del Perro / Blog de Psicología / Miguel Díaz