18 septiembre 2014

Comportamiento de la perra después del parto



La preñez de la perra dura nueve semanas (puede oscilar entre 58 y 65 días). El día antes de dar a luz se pone inquieta y deja la comida. Se vuelve más agresiva con los extraños y más amistosa con su "familia" humana. Si le han preparado una caja para la cría, se retira allí justo antes del nacimiento y se acuesta, de costado, con el lomo contra la pared y la cabeza enfrentando la entrada. 

Cuando el primer nacimiento es inminente, la respiración rápida se alterna con la respiración lenta. Cuando el cachorrito nace, el cuerpo de la perra se estremece y sus patas traseras se contraen ligeramente. Los cachorritos aparecen a intervalos de media hora, y después de cada uno, la perra realiza la rutina de quitar la bolsa, lamer el cuerpo del cachorrito hasta que comienza a respirar, cortar el cordón umbilical a una distancia de dos o tres centímetros de la panza del recién nacido, comerse la placenta y luego acerca el cachorro contra su cuerpo. 

Después de esto, descansa, acurrucada con sus hijos, esperando el nuevo parto. La cría típica de cinco cachorritos tarda varias horas en nacer.



En lo que se refiere al nacimiento de los cachorros y a la conducta de la madre, es igual al caso de los gatos. Sin embargo, hay una interesante diferencia conectada con la preparación de la cama en la que la madre va a parir. La perra realiza frenéticos movimientos como si cavara en el suelo de la caja en donde va a dar a luz, pero jamás se observa esa actitud en una gata en las mismas condiciones. 


Eso refleja una diferencia clave en la conducta de los salvajes antepasados de los perros y gatos domésticos. Los gatos pueden cavar la tierra para enterrar sus heces, pero no tratan de cavar o hacer túneles cuando preparan el lugar para parir. El gato salvaje busca y busca hasta encontrar una cavidad cómoda (es por eso que los gatos domésticos pasan tanto tiempo explorando rincones oscuros en los armarios de toda la casa), pero los lobos cavan su propia casa en la tierra. Y es una casa impresionante. 

En general la ubican en la ladera de una colina cerca del agua, lo que resulta un buen drenaje y al mismo tiempo una conveniente provisión de agua; la entrada de la cueva a menudo está bajo una roca o un tronco, lo que les proporciona protección contra los derrumbes. La entrada tiene unos sesenta centímetros de ancho y sigue en un túnel de unos cuatro metros de largo, al final del cual hay una cavidad ensanchada, donde nacerán los lobeznos y pasarán las primeras tres semanas de vida. Algunas guaridas de lobos tienen varias entradas y todas están construidas gracias al enérgico trabajo de cavar y sacar la tierra. Y lo que es más, la loba no se conforma con una sola cueva. Para el caso de que algo pudiera perturbarla, construye otra, cercana, a donde poder llevar su cría, en esa emergencia.
 

Todo eso se manifiesta como un lejano llamado, que hace que el perro doméstico trate de cavar en el piso de la caja y es importante que recordemos el papel de la casa humana en la mente del perro. Una casa típica tiene varias puertas que dan a pasillos que conducen a las habitaciones. En términos perrunos, eso significa que la casa entera es una gran cueva con varias entradas a las que se pasa por túneles hasta la cueva más grande. En otras palabras, los humanos ya han "cavado" para la perra preñada. Por eso, la perra trata de cavar frenéticamente en el fondo de la caja, como un resto de la acción de cavar su cueva.
 

Otra característica interesante en el parto de las perras domésticas es que rasgan y rompen lo que les han puesto como cama en el piso de la caja y eso ocurre justo antes de comenzar el parto. Muchos criadores de perros informan que sus perras rompen y desgarran los periódicos que les colocan como cama en la caja. Se sabe que las lobas no preparan ninguna cama especial en sus madrigueras, así que a primera vista parecería que eso es una verdadera diferencia y los animales domésticos agregan algo al repertorio de su conducta que faltaba en sus antepasados salvajes.
 

Cuando todos los cachorritos han nacido, están limpios y acurrucados en el cuerpo de la madre, ésta descansará y los cachorritos comenzarán a alimentarse, tragando la primera leche o calostrum, que es vital para proporcionarles inmunidad contra las enfermedades. Muy pronto surge otra diferencia entre perros y gatos, porque los cachorritos no parecen desarrollar el mismo grado de "propiedad de la mama" que se observa en los gatitos. Entre los gatitos, cada uno busca su propia fuente de alimentación, pero los cachorritos siguen el sistema de "comer en cualquier parte". La razón de esa diferencia está indudablemente en el hecho de que los gatitos tienen uñas afiladas y los cachorritos, no. Las peleas entre gatitos resultarían muy dolorosas para la madre y eso se evita con que cada uno sea dueño de su teta. En la perra, con sus cachorritos de uñas romas, una pelea ocasional por el lugar, no causa problemas.



¿A qué velocidad se desarrollan los cachorritos?
Los cachorritos, que nacen ciegos y sordos, varían considerablemente en tamaño y peso, de acuerdo a la raza de la madre. Un lobezno pesa medio kilo al nacer.
 

El promedio de cría por parto es cinco. Para los que les gustan las cifras exactas, un análisis de quinientos seis partos da un porcentaje preciso de 4,92. Nacimientos de hasta veinte cachorritos figuran como casos muy especiales.
 

Durante los primeros días de vida, el cachorrito pasa el noventa por ciento de su tiempo durmiendo y el otro diez por ciento mamando. Esa es la adormecida "etapa del neonato".
A los trece días se abren los ojos, pero, como con muchas de esas cifras, hay considerables variaciones según las razas. Por ejemplo, en esa etapa, de diez Fox Terriers, nueve han abierto los ojos, pero de diez Beagles, solamente uno lo ha hecho. Recién a los veintiún días, los cachorritos de todas las razas pueden ver. Los oídos entran en actividad a los veinte días, cuando se observa la primera "respuesta de sobresalto".
 

A las tres semanas de vida, aparecen las primeras señales de ladridos y agitar la cola y los cachorritos hacen viajes especiales fuera de la cucha para orinar y defecar.
Al llegar al mes, si se han desarrollado normalmente, los cachorritos pesarán siete veces más de lo que pesaban al nacer. Entrarán entonces en la "etapa de socialización", durante la cual la principal preocupación será jugar y aprender a ser un miembro de una especie altamente social.
A las cinco semanas, se han desarrollado totalmente los músculos faciales, dando a su nueva vida social un valioso repertorio de señales visuales. 

A las seis semanas, ya se han formado inmaduras organizaciones de manada, en las que las infortunadas crías más pequeñas sufren ataques de las pandillas de sus hermanos y hermanas más fuertes. 
A las siete semanas comienza a terminarse la leche de la perra. Esta es la mejor época para vender o regalar un cachorrito, para que se acostumbre bien a la vida en una nueva casa. Sin embargo, otra vez hay diferencias entre las razas y en algunos casos se prefiere esperar hasta las diez semanas.
 

La etapa de socialización llega a su fin a los tres meses y le sigue la "etapa juvenil". El cachorro está totalmente desarrollado socialmente y en estado salvaje comienza a explorar con seriedad y a tomar parte de las actividades de la caza. A las dieciséis semanas comienzan a salir los dientes permanentes y los completan a los seis meses.
A los seis meses los machos comienzan a levantar la pata cuando orinan y se vuelven sexualmente maduros. La total madurez sexual se alcanza, generalmente, entre los seis y los nueve meses tanto en los machos como en las hembras, con ligeras variaciones en las diferentes razas. Algunos maduran tardíamente y no son completamente adultos hasta los diez o doce meses.

¿Cómo se desteta a los cachorritos?
Durante las tres primeras semanas de vida los cachorritos obtienen toda su alimentación de la leche de la madre. La perra se echa para alimentarlos y ellos estimulan la salida de la leche, presionando la panza de su madre con las patas delanteras y chupando de sus pezones. La perra pasa casi todo su tiempo con los cachorritos. Luego, cuando ya tienen entre tres y cuatro semanas, comienza a dejarlos solos por largos períodos y cuando regresa cada vez se muestra más renuente a echarse en la postura para darles de mamar. Los cachorritos, ahora más activos, tratan de alcanzar las mamas y si tienen éxito, la madre les permite alimentarse por un rato, mientras ella permanece parada. Al pasar los días, la perra se vuelve mucho más impaciente con sus cachorros y a menudo se aleja de ellos, mientras tratan de alcanzar sus mamas. Para cuando tienen cinco semanas, la perra puede gruñirles e incluso amenazarlos con una dentellada en la cara. Sin embargo, cuando hace eso, siempre tiene cuidado de no llegar a tocarlos. El amago de mordisco es simplemente una  manera  de disuadirlos,  pero  tiene un efecto sorprendente en los jóvenes, quienes se sienten impresionados de que les nieguen su cuota de leche. Durante las próximas dos semanas, los cachorros pueden convencer a la madre para que cada tanto los deje mamar, pero la leche comienza a retirarse y para cuando los cachorros tienen siete semanas, la perra deja de tener leche. En esa etapa ya están totalmente destetados (aunque hay ciertas variaciones y algunas perras tienen leche hasta las diez semanas).
 

Durante esa gradual disminución de la alimentación de la madre, los criadores de perros, por supuesto, ofrecerán a los cachorritos platos con leche para que los laman y comida especial para cachorritos. Eso es muy conveniente para la perra, quien rápidamente acepta esa ayuda. 

¿Pero cómo hacen las perras salvajes, viviendo sin ningún dueño humano que la ayude en el proceso del destete? 
La respuesta es que, en condiciones más naturales, los perros tienen un método muy especial de destete positivo que equilibra el destete negativo por falta de leche. Ofrecen a los cachorritos alimento predigerido por un proceso de regurgitación. En estado salvaje, cuando la madre comienza a dejar su cría sola durante largos períodos, cuando tienen tres o cuatro semanas, pasa ese tiempo cazando. Después de matar una presa, come y regresa con los cachorritos. Al llegar, su boca huele a comida y eso estimula a los cachorritos a olfatear la cabeza de su madre. Entonces comienzan a lamerle el hocico, se lo frotan, le mordisquean las fauces e incluso la cabeza. De hecho, se comportan como los pajaritos en el nido, con el mismo resultado. Esas acciones producen una respuesta automática en la hembra. No importa lo hambrienta que esté, no puede dejar de reaccionar ante el "pedido" de sus cachorritos, y regurgita la presa a medio digerir.
 



Ese acto materno de regurgitación proporciona a los cachorritos la más perfecta alimentación, teniendo en cuenta que recién comienzan a salir sus primeros dientes y por lo tanto todavía no pueden masticar bien. Durante las semanas siguientes, mientras se va terminando la leche de la perra, ésta les va proporcionando alimentos más sólidos, hasta que éstos se vuelven la única fuente de alimentación. Para cuando tienen tres meses deberán comenzar a cazar, aunque puedan todavía recibir ayuda de sus padres.
 

Las perras domésticas, que crían a sus cachorritos bajo la supervisión humana, no realizan en general ese acto de regurgitación. Los cachorritos, al pasar por el proceso del destete, están tan bien alimentados por sus dueños humanos que tampoco llevan a cabo las acciones que desencadenan la regurgitación. 

Pero a pesar de eso, esa antigua respuesta puede ocurrir ocasionalmente. Los ingenuos dueños se preocupan por eso y algunas veces telefonean aterrados al veterinario, explicando que su perra, que tiene cachorritos, ha comenzado a vomitar y debe de estar enferma. Sin saber qué pasa, limpiarán la comida regurgitada para evitar que los cachorritos la toquen, por si está infectada, con lo cual privan a los cachorros de su dieta natural para el destete.
 

Las observaciones de los lobos con crías, en una vida natural, revelan que esa alimentación por regurgitación juega un papel incluso más amplio en la vida social del antepasado original del perro. Cuando la loba permanece en la cueva para parir su cría, ella misma será alimentada por el resto de la jauría con comida regurgitada. Confinada en la cueva durante los cruciales primeros días de la vida de la cría, la loba es alimentada de esa forma. Luego, cuando los lobeznos deben ser destetados, la loba comenzará a cazar para traer a su cría los alimentos predigeridos. Pero la loba no es la única  que lo  hace.   Otros  miembros  de la jauría —inclusive los machos— hacen lo mismo. Los lobos machos son realmente sorprendentemente cuidadosos con los lobeznos, realizando recorridas de hasta treinta kilómetros para encontrar presas y luego llevarlas apresuradamente a la cueva y poder alimentar a la cría antes de que el proceso de digestión haya avanzado demasiado.
 

Hay dos refinamientos muy interesantes en esa conducta de los lobos. Los adultos están preparados para comer a menudo carne rancia o podrida, pero nunca ofrecen esa clase de alimentación a sus crías. Las crías, con estómagos mucho más delicados, solamente reciben carne recién cazada. También, la cantidad que les dan a las crías es convenientemente racionada, ya que los adultos regurgitan pequeñas cantidades, en pilas separadas, y por ese medio se aseguran de que cada lobezno reciba su alimento sin perturbaciones.
Más adelante, cuando los lobeznos desarrollan sus dientes afilados, los adultos comienzan a traer a la guarida grandes pedazos de carne entre las fauces, en lugar de tragarlos y predigerirlos. Eso significa, a menudo, un gran esfuerzo, por ejemplo, una loba madre llevando media pata de alce, sujeta en la boca durante casi dos kilómetros.
 

Si los perros domésticos parecen unos padres desabridos comparados con sus antepasados salvajes, debe recordarse que, para los perros, sus dueños humanos son simplemente otros "miembros de la manada", así que, cuando esos compañeros colaboran ofreciendo comida a los cachorritos, se acepta como un acto de cooperación perfectamente natural. Los miembros de una manada de lobos harían lo mismo por cualquier cría de lobeznos. La preocupación que pudiera tener la perra doméstica se ve solucionada y acepta la ayuda humana sin cuestionarla.
 

Y hay un aspecto final del destete que merece un breve comentario. Si la idea de regurgitar la comida nos parece algo desagradable, será de gran utilidad que recordemos que antes de la invención de los alimentos para bebés, las madres humanas destetaban a sus hijos de una manera muy parecida. Las madres, en las primitivas sociedades tribales, masticaban la comida hasta convertirla en una pasta y luego la pasaban, boca a boca, a sus bebés. 

Esa acción para destetar es la que dio origen al acto humano de intercambiarse besos. De modo que, cuando un perro lame la cara de su dueño, el comentario de "me está besando" está más cerca de la verdad de lo que mucha gente piensa.


Fuente: Desmond Morris - Guía para comprender a los perros