01 agosto 2019

Displasia de cadera

La displasia de cadera es un problema muy frecuente en determinadas razas: Bulldog, Dogo de Burdeos, San Bernardo, Mastín Napolitano, Pastor Alemán, Rottweiler, Golden Retriever; todas ellas presentan una incidencia por encima del 20%. 

La displasia es una enfermedad multifactorial, multigénica y hereditaria, es decir, son varios los factores que predisponen y causan la displasia de cadera, son varios los genes implicados en su aparición y tiene carácter hereditario. Los factores ambientales cada vez son más importantes en el desarrollo de la displasia de cadera, es necesario el factor genético para desarrollar la enfermedad pero este no es el único factor. La genética es un factor necesario pero no excluyente, es decir se puede tener la predisposición genética y no desarrollar la enfermedad, pero si no se tiene predisposición es seguro que no se desarrolla.

Existen varios grados de displasias, y también aquellas que aparecen cuando el perro es cachorro o las que dan problema ya en edad adulta; pero en este artículo nos centraremos en el tratamiento y específicamente en el tratamiento de la displasia en perros jóvenes.

Clasificación de los grados de displasia:

-Grado I: mínima alteración con pequeña subluxación y escasos cambios degenerativos.

-Grado II: marcada subluxación lateral de la cabeza femoral, cuyo 25-50 % está fuera del acetábulo.

-Grado III: el 50-75 % de la cabeza femoral está fuera del acetábulo; hay cambios degenerativos importantes.

-Grado IV: luxación de la cabeza femoral con aplanamiento del borde acetabular y la cabeza femoral; hay cambios degenerativos importantes. La presentación en el perro joven es normalmente entre los 5 y los 6 meses y viene marcada por una cojera importante. No se considera que un perro está libre de displasia hasta que con dos años de edad ya cumplidos no se observan problemas ni incongruencias en las radiografías de control.



La alimentación es uno de los factores que predispone a la aparición de displasia de cadera, desequilibrios Calcio-Fósforo que debe guardar una correlación Ca1.6% – P1.1% y sobre todo no sobrealimentar ni aportar en exceso proteínas nos permite minimizar la incidencia de displasia de cadera. Una alimentación hipocalórica a partir de los 3 meses y hasta los 8 meses protege de la displasia principalmente a perros con un rápido crecimiento. El exceso de peso a los 60 días es otro de los factores que predispone a la enfermedad. 

La displasia de cadera en el cachorro debuta normalmente a partir de los 5 o 6 meses, antes no es posible observar algún problema. El perro con displasia habrá sido completamente normal y se ha desarrollado sin dar señales de ningún problema. El debut suele presentarse como una cojera aguda que impide al perro jugar como lo había hecho hasta la fecha. Podemos observar cambios en las ganas de jugar, negativas a la hora de salir de paseo, de relacionarse con otros perros o con los propietarios. Son frecuentes los cambios de humor, los resbalones frecuentes de las patas traseras, la incomodidad e incluso que rehúse a ser tocado y el hecho de “huir” de los niños en perros que hasta hace pocos días eran juguetones y cariñosos.



Algunas veces al cumplir el 90% del crecimiento entre los 8 y los 11 meses los signos pueden reducirse e incluso llegar a desaparecer. De todas maneras la displasia permanece y en muchos casos los problemas reaparecen pasado un tiempo y más temprano que tarde aparecen signos de artrosis en las caderas.

Los signos clínicos más frecuentes son: 

-Cojera que puede aumentar con el ejercicio 
-Caminar y trotar con balanceo de caderas  
-Rigidez matutina 
-Dificultad para levantarse 
-Atrofia muscular
-Negativa a moverse 

-Cambios en el humor 
-Dolor a la palpación 
-Signo de Ortolani (*)
 

Aunque existen métodos quirúrgicos: escisión del músculo pectíneo, triple osteotomía de cadera, artroplastia de la cabeza femoral, osteotomía de pubis, forage y prótesis de cadera. La mayoría se practican cuando el perro es joven para, supuestamente disminuir la posibilidad de artrosis coxofemoral secundaria en la edad adulta. La prótesis de cadera debe reservarse para casos graves y una vez ha finalizado el crecimiento. 


El tratamiento médico se basa en antiinflamatorios, podemos empezar por antiinflamatorios naturales, que no contiene substancias medicamentosas, si no obtenemos los resultados esperados pasar a los Aines y en casos extremos se recurre a corticoides. Debemos incluir los nutracéuticos sobre todo los condroprotectores ya que  reducen la incidencia de artrosis y protegen el cartílago articular. Éstos son usados en perros sénior de forma muy general pero son muy útiles como protector articular en perros en crecimiento, existen condroprotectores para perros jóvenes. 

La reducción de peso, el ejercicio moderado y sobre todo regular son otros de los puntos básicos, así como las mejoras en el entorno y el hecho de dormir en un lugar cálido y alejado de las humedades. La fisioterapia puede ayudar mucho a desarrollar mejor la musculatura, a reducir el dolor, a sacar tensiones y eliminar compensaciones que el perro ha realizado con las posturas incorrectas y las posiciones antiálgicas. Esta se basará en tens, ulltrasonido, ejercicios terapéuticos, el uso de la hidroterapia, laser, ondas de choque.


La principal mejora en el entorno es dormir en un buen colchón terapéutico, no pasar frío ni exponerse a mucha humedad, utilizar en invierno una manta, y de ser posible un abrigo térmico. Podemos ayudar de muchas maneras a nuestro perro con displasia, el ejercicio físico regular nos puede ser de mucha utilidad al mejorar la masa muscular, lo cual hace soportar mejor la congruencia articular. Hay que evitar los saltos, los impactos y las carreras descontroladas.
 

La fisioterapia y los masajes permiten también mantener al perro en un estado muscular correcto. Tratamientos coadyuvantes como la acupuntura o reiki, también pueden colaborar en el tratamiento.

Soporte de cadera

La última novedad son los soportes de cadera, que ayudan a estabilizar la pelvis, dan soporte y mejoran mucho la calidad de vida de nuestros perros.
Fuente: ortocanis.com / Toni Ramon

(*) Chasquido audible que se oye al explorar una cadera con luxación congénita. Se observa en los lactantes al introducir la cadera en el acetábulo.