16 agosto 2016

El perro, salvo excepciones, no muerde de un dia para el otro


Lamentablemente la agresividad canina sigue siendo noticia frecuente en diarios, radio y televisión, donde el tema es abordado la mayoría de las veces sin la formación adecuada dando como resultado desinformación más que información.

Es muy penoso que aún mueran niños por el ataque de perros que muchas veces pertenecen a familiares o vecinos. Esto, que puede prevenirse y evitarse, evidencia manejo inadecuado y, en ocasiones, falta de responsabilidad y respeto hacia los otros (personas y animales) de parte de quien está a su cargo. Este comportamiento puede tener diferentes causas e intensidad, y el perro que lo manifiesta ser de edad, peso y tamaño diferentes, mestizos o de raza. Quienes reciben las lesiones más graves son generalmente niños o ancianos, y las heridas son proporcionales a las características del agresor (tamaño, potencia de mordida), y de la víctima (edad, físico) que intervienen en el conflicto y es ahí donde yace el verdadero peligro. 


Los chicos tienen más probabilidad que los adultos de ser víctimas fatales debido a la presión que ejerce la fuerza de mordida del perro respecto del tamaño de su cuerpo, o por la hemorragia causada por el daño de una arteria o vena de la cabeza o el cuello donde se producen muchas de las lesiones. Un estudio estadístico realizado por el Departamento de Urgencias del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cita que anualmente aumentan un 10 % los casos de niños atendidos allí por lesiones causadas por mordeduras graves de perros, que son generalmente de raza indefinida o mestizos porque son los más frecuentes en los hogares del país. 

La mayoría de estos niños poseen entre 4 a 9 años, y más del 50 % de ellos son agredidos por el perro de la familia. Los varones tienen casi 2 veces más probabilidad de ser mordidos porque tienen conductas más atrevidas con el animal y los padres los supervisan menos que a las niñas. En el consultorio de Etología Clínica (Medicina comportamental), las consultas por agresividad de gatos y perros, de diferentes características, también aumentan día a día, ya sea porque muerden a un integrante de la familia, a personas a quien el dueño permitió ingresar al domicilio, o a gente o animales con los que se cruza en la vía pública.

Personalmente creo que esto se debe a que en los últimos años es mayor el número de animales de compañía en los hogares, es menor el espacio de residencia disponible, el propietario permanece muchas horas fuera de la casa (por trabajo, reuniones, deportes, etc.) y es menor el tiempo que dedica a su educación, socialización y habituación a diferentes estímulos, y además, muchas parejas jóvenes o personas solas adoptan un animal y lo tratan como si fuera un niño sin considerar que gatos y perros pertenecen a otra especie con características y necesidades propias distintas a las del ser humano. 

Respecto de los perros, la mayoría consulta porque “de pronto” comenzó a morder. Pocos lo hacen cuando manifiesta los primeros signos de agresión, y muchos menos aún, lamentablemente, cuando es cachorro para prevenir que desarrolle en el futuro agresividad hacia personas o animales, ésta última sería la opción más adecuada.
El perro pertenece a una especie que vive en grupos bien organizados y utiliza la agresión para alcanzar y defender lo que necesita para subsistir y reproducirse. Por lo tanto, en ocasiones, el comportamiento que manifiesta el animal puede considerarse normal para la especie pero siempre es inaceptable cuando es parte de una familia, pero en otros casos la conducta agresiva del perro es un signo de enfermedad del comportamiento, de todas maneras, en ambas situaciones es necesario realizar el tratamiento etológico para evitar que lesione a terceros.

Es frecuente escuchar que el perro muerde porque es alfa. Sin duda, hay individuos con mayor temperamento que otros, pero el alfa no nace, se hace día a día en función de los privilegios que el propietario le otorga. Además, aunque lamentablemente esté muy arraigado en nuestro medio, hay que considerar que no es con malos tratos como se educa bien al perro, porque muchas veces la agresividad del propietario desencadena la respuesta agresiva del animal.


Se debe recordar que, aunque a veces sorprendan sus reacciones a quienes desconocen como se comunica esta especie (el perro), salvo pocas excepciones, no comienza a morder de un día para otro. Para imponerse o defenderse, previo a morder, emite muchas señales que indican que finalmente lo hará si continúan las condiciones que generan el conflicto, si es así el comportamiento agresivo progresa y estas señales pasarán desapercibidas hasta desaparecer finalmente cuando se instala la enfermedad de conducta grave y peligrosa por sus consecuencias.


Entre las actitudes que advierten la necesidad de consultar al veterinario se encuentran, entre otras, las siguientes:

- Que un cachorro gruña o muerda al veterinario, o a otras personas o animales en el hogar o en la vía pública. Es importante considerar que a partir de los 2 meses de edad debe tener buen control de mordida y movimientos y por lo tanto no tiene que lesionar con sus dientes las manos, brazos o piernas de quien interactúa con él, la excusa de los dientes de leche es solo eso, una excusa


- Hay que estar atentos si el juvenil o adulto embiste, golpea o araña puertas o ventanas cerradas cuando se lo aísla del grupo social; si se aferra a brazos o piernas de las visitas, o del propietario cuando este lo reprende, no cumple sus demandas o lo ignora. También si orina levantando la pata en lugares no permitidos de la casa (muebles, paredes...), sobre la ropa o elementos de la familia, o incluso sobre las personas.


- Si exige con ladridos alimento, agua, su sillón preferido, que le abran la puerta para entrar o salir... También si mira amenazante, eleva los pelos del dorso, e impide el paso al propietario cuando este deambula por la casa o desea entrar en una habitación, o golpea con el hocico sobre el cuerpo de la persona, se abalanza, o muerde o pellizca las mangas, pantalones, zapatillas… cuando se retira del espacio, o no hace lo que desea.



- Así mismo, si gruñe o levanta los labios al ser acariciado o abrazado, cuando se lo mira a los ojos o frente al reto. También si muestra signos de agresión cuando alguien se aproxima o toca su manta, juguetes, comida, pasa sobre él, o se le aproxima o acaricia cuando descansa.


- Si impide el paso o ladra o gruñe a las visitas, no permite al dueño conversar con otros, o ladra de manera agresiva o gruñe a perros o personas (niños o adultos) en la vía pública o desde el vehículo…
 

Entonces, si el perro manifiesta signos como los citados, u otras señales de agresividad hacia las personas o animales la Etología Clínica posibilita diagnosticar que está sucediendo y el tipo de agresión que manifiesta y, a partir de allí, indicar el tratamiento, independientemente de su edad, sexo y raza, para corregir la conducta y recuperar el bienestar del animal y la familia.

Es necesario recordar que la conducta agresiva puede evitarse mediante la adecuada habituación del cachorro a diferentes estímulos, su socialización con personas y animales diferentes, una comunicación correcta y condiciones de manejo acordes a las características propias del individuo, evitando siempre los malos tratos, ya que estos dificultan el aprendizaje y predisponen a la aparición de miedo, ansiedad y más agresividad.

 


Fuente: FOYEL | Dra. Silvia I.N. Vai