12 junio 2016

Diferentes tipos de agresión canina

Tipos de conductas agresivas que existen en los perros

La conducta canina agresiva es la más frecuente de las alteraciones del comportamiento en los perros. En realidad es una conducta que tiene una función protectora para la vida del animal si éste viviera en un medio salvaje, pero en la vida de relación con los humanos algunas formas de conducta agresiva son inaceptables y por eso se las debe corregir. La agresión representaba el 54 % de los casos problemas de conducta animal registrados en la clinica. Se debe tener en cuenta que la mayoría de las conductas agresivas son para la especie canina, patrones normales de comportamiento, lo cual hace más difícil la resolución de este tipo de problemas. Es de suma importancia poder llegar a un diagnóstico exacto del tipo de agresión de la cual se trata, pues hay varios tipos de conductas agresivas y por ende, distintos tratamientos para cada una de ellas y obviamente distintos pronósticos, que en general es lo que más le interesa conocer al propietario de un perro agresivo. 




Por ejemplo, la agresión maternal tiene un índice altísimo de resolución satisfactoria mientras que, la agresividad por dominancia presenta un pronóstico reservado, ya que pocas veces se puede lograr una resolución cien por ciento exitosa. El acto agresivo en los perros se realiza por razones de adaptación, desde la óptica del perro. Para el animal siempre que agrede tiene una buena razón para hacerlo, obviamente desde el punto de vista humano esto es inaceptable, pero es importante que esto sea tenido en cuenta por el propietario para que no se genere un sentimiento negativo hacia el animal por parte de aquel y esto acentúe aún más el ya deteriorado vínculo entre el dueño y su perro. 

Existe una clasificación de las conductas agresivas que presentan los caninos y la misma está basada en el estímulo que desencadena la conducta agresiva. Es interesante conocerla pues permite entender un poco mejor al animal que presenta este problema. Esta clasificación está basada en el estímulo que provoca la respuesta agresiva.

Los distintos tipos de conductas agresivas son:

Agresión Predatoria: 
Es la agresión dirigida a lo que el perro toma como una presa. El ejemplo típico sería los animales que persiguen a los ciclistas que pasan, o a personas que corren.

Agresión entre machos: 
Esta es una conducta muy frecuente en las casas donde conviven uno o más perros machos. Es una conducta influenciada por la hormona masculina Testosterona y cuando ocurre este problema es una posibilidad de tratamiento la castración de los perros involucrados en el conflicto. En los casos en que el propietario no desea castrar a sus animales existe la posibilidad de medicar a los perros con hormonas femeninas, pero en general aunque la medicación surta efecto, cuando se la deja de usar comienza nuevamente el problema.

Agresión entre hembras: 
Esta es una alteración mucho más difícil de resolver que la anteriormente citada porque la influencia hormonal es mínima, aquí el desencadenante es el no establecimiento de un orden jerárquico entre las perras que conviven juntas. Se necesita de un propietario que tenga un gran dominio sobre las hembras que se agreden para que pueda inhibir en ellas el deseo de confrontación. Igualmente aunque esto pasara, cuando el dueño no esté es muy factible que las perras peleen, es por lo que está indicado separarlas cuando no puede haber un control por parte del propietario.

Agresión por miedo: 
Esta conducta se presenta en animales inseguros y de poco carácter que al querer ser tocados por alguien y no tener posibilidad de escapar, se sienten acorralados y muerden. En general nunca producen mordidas graves pues no lo hacen con convicción, lo único que buscan es alejar el estímulo que les produce el miedo. Son animales que no se los deben tratar con brusquedad y necesitan de una terapia conductual y medicación para superar sus fobias.

Agresión por dolor: 
La agresión por dolor es una conducta que tiene una función protectora para el animal ya que es un modo de defensa, no obstante, es inaceptable que un animal muerda a su dueño cuando éste, por ejemplo le está haciendo una curación o un lavaje ótico, etc. La forma de evitar este comportamiento es habituar desde pequeño al animal a inhibirse ante pequeños dolores que le produzca el dueño al curarle una otitis, sacarle un vendaje, etc.

Agresión territorial: 
Es una conducta normal en el perro y en muchos casos buscadas por los propietarios cuando desean que sus perros sean guardianes de su propiedad, pero muchas veces el animal se excede en esta conducta y resulta un problema a solucionar. Es el caso de los animales que intentan agredir a las visitas, carteros, etc. La educación del perro a edad temprana es la mejor solución para evitar esta situación, no se le debe fomentar excesivamente esta conducta pues el animal, por sí mismo la va a presentar, pero cuando le es fomentado se torna más agresivo porque quiere satisfacer a su dueño y en general termina siendo un animal insocial e inmanejable.

Agresión maternal: 
Es la agresión desarrollada por las perras con cría de pocos días de vida, está influenciada hormonalmente y depende de la relación que tenga con sus dueños que desarrolle esa conducta con los mismos. Generalmente al mes de haber parido esta conducta desaparece.

Agresión por alteraciones fisiopatológicas: 
Este comportamiento se debe a desórdenes neurológicos tanto físicos como químicos a través de las sustancias que intervienen en la transmisión de impulsos nerviosos. Obviamente es un problema de resolución estrictamente médica y son necesarios determinados exámenes médico veterinarios para llegar a un diagnóstico correcto. También algunas enfermedades hormonales son causantes del comportamiento agresivo de un animal, como por ejemplo, el hipotiroidismo.


Agresión dominante: 
Este tipo de agresión es la más frecuente de todas las conductas agresivas de los caninos. Generalmente se observa en machos sin castrar, mayores de un año y medio de edad, habiendo una mayor incidencia en los animales puros de raza, que en los mestizos. Esto es debido a que las cualidades estéticas que se premian en las exposiciones caninas, tales como cola erecta, porte altivo, cabeza muy levantada, son muy similares a las actitudes y gestos propios de animales dominantes. El hecho de que los perros más premiados son quienes más posibilidades tienen de reproducirse, lleva a una concentración de genes con estos caracteres potencialmente dominantes. El perro que es agresivo por dominancia, puede serlo con todos o con alguno de los habitantes de la casa.


Por lo común, son animales muy amigables con los extraños. Debido a que el mundo de los caninos se maneja con gestos, posturas y contactos corporales fuertes, y como el perro toma a su familia humana como si fueran miembros de su jauría, los estímulos específicos que desencadenan la agresión son los contactos corporales que sus dueños tienen para con ellos, tales como, caricias, cepillado, intentos de colocarles un collar o intentos de sujeción. 

Para el propietario, el ataque del perro fue no provocado pues él sólo lo estaba acariciando, pero para el perro había muy buenas razones para agredir. Esto es un punto crítico, ya que a la persona agredida le cuesta mucho entenderlo. Casi siempre los animales dominantes avisaron mucho tiempo antes de llegar a la agresión directa.  

Los signos de dominancia que el perro realiza para con sus dueños antes de llegar a morder son varios, por ejemplo: Colocar su cabeza presionando sobre las rodillas de la persona, mirarlo fijamente a los ojos y no desviar la mirada, permanecer en el paso frente al propietario y no moverse del lugar. Si el dueño fue permitiendo todas estas situaciones ya sea por temor o por desconocimiento, el animal comienza a creer que es dominante sobre su dueño o sea que éste es su subordinado y por consiguiente debe reprenderlo cuando no cumple con las reglas caninas de subordinación. Este es el inicio de la agresión dominante. 

Si bien la confrontación física puede invertir o detener este problema, no todos los propietarios de perros tienen la capacidad de lograrlo, sobre todo cuando se está hablando de perros de 40 - 45 kg. y con una dentadura más que respetable. El objetivo del tratamiento conductual es evitar lesiones en la gente e invertir el orden jerárquico en la mente del perro, y en la del dueño también, pues es necesario que este último se convenza de que puede manejar a su animal. Para conseguir el primer punto el propietario debe intentar evitar todas las actitudes que puedan significar un reto de dominancia para el perro y así evitar las situaciones potencialmente peligrosas. Para intentar conseguir el segundo punto tratado se debe comenzar con un programa bien detallado de modificación de la conducta como por ejemplo el retiro de afecto y atención social cuando el perro muestra algún signo de agresividad, enseñarle algunos ejercicios simples de adiestramiento como el sentarse y recompensarlo cuando lo hace bien, sacarlo a caminar bastante tiempo para que gaste energías y porque un perro que es agresivo con su dueño en la casa tal vez no lo sea en la calle por la inseguridad que esta última le inspira. La modificación de esta conducta es muy compleja y lleva bastante tiempo, voluntad y paciencia por parte del dueño. 

Es importante recalcar que en los casos de agresión por dominancia está contraindicado el castigo fisico pues esto desencadena una reacción más agresiva por parte del perro. Por último con respecto a la farmacología utilizada en estos casos, principalmente se utilizan progestágenos en las dosis habituales, como así también ansiolíticos para lograr mantener un nivel de seguridad mínimo para la realización de las técnicas de modificación de la conducta. En el caso de los machos está indicada también la castración quirúrgica.


Fuente: Foyel - Dr. Ricardo Luis Bruno - Médico Veterinario - UBA – MP 6170 - Especialista en Comportamiento  Animal - (CPMV. Resolución N* 728 // 2010)  Teléfonos: +54 - 11 - 4794 - 4173 // (15) 4091 - 2710 - www.conductismoanimal.com.ar