31 mayo 2012

Rescate

         «Los ojos de ella se encontraron con los míos mientras caminaba lentamente por los pasillos mirando en forma aprensiva los perros en las jaulas. Inmediatamente me percaté de su necesidad y supe que tenía que ayudarla. Moví mi colita aunque no mucho para no asustarla. Se detuvo frente a mi jaula, yo me coloqué de lado para ocultar el pequeño accidente que tuve, no quería que se diera cuenta que no me habían sacado a pasear hoy. A veces, los cuidadores están muy ocupados y no quería que se llevara una mala imagen de ellos. 


»Mientras leía la tarjeta de la jaula con mis datos, yo esperaba que no sintiera lástima por mi pasado. Solo me queda mirar hacia el futuro y quiero marcar la diferencia en una persona. Se arrodilló y empezó a hacer ruiditos como de besitos, yo pegué mi hombro y el lado de mi cabeza contra los barrotes de la jaula para reconfortarla. Las suaves puntas de sus dedos acariciaban mi cuello, se nota que ella estaba deseperada por tener alguna compañía.

»Una lágrima se deslizó por su mejilla y le ofrecí mi pata delantera para que sintiera que todo estaría bien. De pronto, la puerta de mi jaula se abrió y su sonrisa fue tan brillante que inmediatamente salté a sus brazos.

»Le prometí portarme bien, le prometí cuidarla, le prometí estar siempre a su lado. Le prometí que haría todo lo que estuviera a mi alcance para poder disfrutar siempre de esa radiante sonrisa y del brillo de sus ojos. 

»Soy afortunado de que ella pasara hoy por mi pasillo. Hay tantas personas en el mundo que nunca han recorrido uno de estos pasillos, tantas personas que tienen que ser salvadas. Al menos yo, pude salvar una persona.»
           
        «Hoy rescaté a un ser humano».

30 mayo 2012

Manifestación en Estrasburgo, Madrid y Barcelona por los galgos españoles



Por primera vez se celebrará en Estrasburgo una manifestación a favor de la causa de los GALGOS ESPAÑOLES promovida por la Asociación Francesa CREL www.crel.fr 

En Madrid y Barcelona se celebrarán también manifestaciones de apoyo a nuestros compañeros en las sedes de la Unión Europea. El pasado 4 de octubre de 2011, el Intergrupo por el Bienestar Animal del Parlamento Europeo pidió explicaciones por el trato que los cazadores dan a los galgos en España.

En la carta, transmiten su preocupación por los casos documentados por organizaciones de rescate: Los galgos son severamente golpeados, quemados vivos, rociados con ácido, tirados en pozos, atados en cuevas, ahorcados o abandonados hasta morir por los cazadores cuando ya no les sirven. "Queremos cambiar el trato que reciben los animales en España. Considerados como cosas, sus derechos más básicos no son respetados, con el perjuicio que para los galgos y otros animales 'utilizados' para la caza conlleva".
 
Aquí tienes la convocatoria, ¡ven con tu galgo a reclamar sus derechos!

Barcelona:  Domingo 10 de junio a las 11h, Sede de la Comisión Europea, Passeig de Gracia, 90
Madrid:  Domingo 10 de junio a las 11h, Sede de la Comisión Europea, Pº Castellana, 46

Más info:  Manifestacion De Estrasburgo Por El Galgo Español 
Contacto para acudir a Estrasburgo el 9 de junio:  galgosenestrasburgo@gmail.com
Contacto para acudir a Madrid el día 10 de junio:   silviabarquero@pacma.es

Fuente: PACMA

29 mayo 2012

Perro recorrió 1.700 km en una carrera de bicicletas




Un perro callejero ha completado un viaje de 1.700 kilometros a través de China después de unirse a una carrera ciclística desde  la provincia de Sichuan hasta el Tíbet.  El perro, apodado "Xiaosa", se unió a los ciclistas después de que uno de ellos le diera de comer. Corrió con el grupo durante 20 días, subiendo y bajando 12 montañas.  Ahora ha sido adoptado por uno de los participantes de la carrera.

26 mayo 2012

Reanimación cardiopulmonar



Homenaje a un perro


George Graham Vest, hizo famosa la frase 

"El perro es el mejor amigo del hombre"


Político y abogado estadounidense,  nació en Frankfort, Kentucky el 6 de Diciembre de 1830. Murió el 9 de Agosto de 1904 en Sweet Springs, Estados Unidos. 




La historia de esta frase es la siguiente:


En 1869 a Vest se le contrató para representar a Burden y a "Old Drum" (Viejo Barril) en el caso que lo llevaría a la fama. Vest tomó el caso el 23 de septiembre de 1870 en el cual

25 mayo 2012

TV para perros


DOGTV, el primer canal de televisión para perros

En Estados Unidos viven 80 millones de perros que pasan una media de ocho horas en casas vacías. El creador de la idea dice que sus programas les ayudaran a relajarse y que las imágenes, sónidos y colores están adaptados para resultarles especialmente atractivos.

Video:



Para quienes dejan a sus perros solos en casa varias horas y quieren entretenerlos, un canal de televisión por cable en Estados Unidos ofrece programación "científicamente desarrollada" para canes las 24 horas, los siete días de la semana.

"La mayoría de las veces, los perros están más interesados en sus dueños que en la tele", asegura el creador de Dog TV, Yossi Uzrad. "Pero si uno los deja solos por unas horas, sin duda se van a entretener", agregó.
Dog TV, que según su sitio web es "el primer canal de televisión para perros" y "la niñera ideal para perros que se quedan solos en casa", se estrenó en abril en dos sistemas de cable en San Diego, California (oeste), donde Uzrad dijo que tuvo un impacto "realmente mucho mayor de lo previsto".

Sus productores israelíes, Jasmine Television, esperan que la iniciativa se extienda a otras partes en Estados Unidos y el extranjero en los próximos meses.
Para los que no tienen cable, Dog TV también puede verse en internet, a través de streaming, por 9,99 dólares al mes, con las habituales aplicaciones para teléfonos inteligentes y tabletas.


"Es probablemente mucho más barato que un día de guardería para perros", que en Estados Unidos puede ir de 35 a 50 dólares, dijo Uzrad. Además, no tiene anuncios comerciales, ni siquiera de comida para perros.
Según la Asociación Estadounidense de Productos para Mascotas, en Estados Unidos hay 78,2 millones de perros e incluso en plena crisis económica sus dueños han gastado en ellos más de 52.000 millones de dólares sólo este año.

El jefe científico de Dog TV, Nicholas Dodman, un veterinario de la Universidad Tufts, en Massachusetts, hace tiempo que recomienda que los perros vean la televisión como antídoto para superar la ansiedad que les provoca la separación de sus dueños.


Fuente: Antena3

23 mayo 2012

El Parvovirus canino se ha adaptado a hospedadores felinos



Un estudio llevado a cabo en el Reino Unido ha demostrado que gatos sin sintomatología clínica pueden estar infectados por el Parvovirus canino y ser excretores del virus, actuando así como reservorios de la enfermedad para los perros y eventualmente otros gatos.
 

La genética de los perros modernos difiere de la de sus ancestros


Las razas antiguas son diferentes al resto debido a su mayor aislamiento geográfico 


Las 14 razas de perros que hasta ahora eran consideradas como únicos restos de sus ancestros caninos debido a sus diferencias genéticas con las razas modernas poseen estas características a causa de su aislamiento geográfico. Estas conclusiones han sido alcanzadas por una investigación internacional en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que aparece publicada hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

4 semanas y ...¡ a volar !

Fuente: Vimeo

19 mayo 2012

Beagle escapando

Los Beagle se caracterizan por su agilidad, pero este perro, realmente es increíble.



18 mayo 2012

Britain's Got Talent - Final 2012 -Ashleigh y Pudsey



Ashleigh, de 16 años y su perro Pudsey sorprendieron a todos, jurado y público, con su rutina de ejericicos y habilidades, y se convirtieron en un verdadero fenómeno tanto en el programa como en la Web, ya que sus videos en YouTube fueron vistos por millones de personas. Tan increíble fue la presentación de esta dupla que llegaron a las finales del programa y se alzaron con el premio mayor:  nada más y nada menos que 500.000 libras.
 

12 mayo 2012

A Niebla, mi perro



Rafael Alberti  es uno de los grandes poetas españoles. Este poema es un hermoso canto desde la inocencia del animal en medio de circunstancias adversas. Hay un halo delicioso -y a la vez una honda tristeza- en la evocación de Alberti, que hace recordar esas compañías en momentos difíciles, que ignoran el peso de la soledad, de las muertes, de la destrucción. Evocada desde la inmediatez del recuerdo de la Guerra Civil, la mirada de Niebla es una poderosa energía de la naturaleza.

                                              
Niebla, tú no comprendes: lo cantan tus orejas,
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.

10 mayo 2012

Plantas peligrosas para los gatos


Los gatos utilizan algunas plantas del campo y de jardín para purgarse, para mantener su sistema digestivo en condiciones. Con algunas plantas regurgitan las bolas de pelo que suelen acumularse cuando su lengua áspera las arranca en el proceso regular de acicalado.

09 mayo 2012

Homenaje: Manuel 1980

MANUEL  (1971-1985)  - Bichon Frisè

Perra Pit Bull salva a mujer de ser arrollada por un tren

 

Lilly se recupera tras el impacto del tren

Cuando oímos hablar de perros Pit Bull en las noticias suele ser lamentablemente por casos de ataques a personas con consecuencias a veces fatales. Pero no es tan común escuchar historias como la de Lilly, un Pit Bull hembra que arriesgó su vida para salvar la de su dueña.

08 mayo 2012

Chica y su perro bailan tema de "The Artist" en el Britain's Got Talent


Ashleigh, de 16 años y su perro "Pudsey" de 6, cautivaron al público en la semifinal del "Britain's Got Talent 2012", inclusive a Simon Cowell, el polémico y conocido integrante del jurado. 



Fuente: dailymail.co.uk

03 mayo 2012

Indígena


INDÍGENA -  Hermosa Dogo Argentino ( de Ana Lía - Mar del Plata - ARGENTINA )

02 mayo 2012

Un boliviano con salida al mar


Nunca he podido confirmarlo, pero dicen que en plena guerra de las Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le ocurría para el conflicto, y él, con su sorna metafísica de siempre, respondió: “Creo que Argentina y Gran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicar las Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin su salida al mar”.
UN BOLIVIANO CON SALIDA AL MAR

Nunca he podido confirmarlo, pero dicen que en plena guerra de las Malvinas le preguntaron a Borges qué solución se le ocurría para el conflicto, y él, con su sorna metafísica de siempre, respondió: “Creo que Argentina y Gran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicar las Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin su salida al mar”.

En realidad, la ironía de Borges (siempre que la cita sea verdadera) se basaba en una obsesión que está presente en todo boliviano, ese alguien que siempre parece estar acechando el horizonte en busca del esquivo mar que le fue negado. Tiene el Titicaca, por supuesto, pero el enorme lago sólo le sirve para que crezca su frustración, ya que en vez de conducirlo a otros mundos, sólo lo conduce a sí mismo.

De todas maneras, cuando algún boliviano llega al mar, aunque éste sea ajeno, siempre se trata de un blanco, nunca de un indio. Hubo un indio, sin embargo, nacido junto a las minas de Oruro, que por un extraño azar pudo alcanzar el mar prohibido.

"Debió ser un niño simpático y bien dispuesto, ya que una dama paceña, que estaba de paso en Oruro y pertenecía a una familia acaudalada, lo vio casualmente y se lo trajo a la capital, allá por los años cincuenta. Rebautizado como Gualberto Aniceto Morales, aprendió a leer y aprendió a servir. Y tan bien lo hizo, que cuando sus patrones viajaron a Europa, lo llevaron consigo, no precisamente para ampliar su horizonte sino para que los auxiliara en menesteres domésticos.

Así fue que el muchacho (que para ese entonces ya había cumplido quince años) pudo ir coleccionando en su memoria imágenes de mar: desde la tibieza verde del Mediterráneo hasta los golfos helados del Báltico. Cuando al cabo de un año sus protectores regresaron, Gualberto Aniceto pidió que lo dejaran viajar a su pueblo para ver a su familia.

Allí, en su pobreza de origen, en la humilde y despojada querencia, ante la mirada atónita y el silencio compacto de los suyos, el viajero fue informando larga y pormenorizadamente sobre farallones, olas, delfines, astilleros, mareas, peces voladores, buques cisternas, muelles de pescadores, faros que parpadean, tiburones, gaviotas, enormes transatlánticos.

No obstante, llegó una noche en que se quedó sin recuerdos y calló. Pero los suyos no suspendieron su expectativa y siguieron mirándolo, esperando, arracimados sobre el piso de tierra y con las mejillas hinchadas por la coca. Desde el fondo del recinto llegó la voz del abuelo, todavía inexorable, a pesar de sus pulmones carcomidos: “¿Y qué más?”.

Gualberto Aniceto sintió que no podía defraudarlos. Sabía por experiencia que la nostalgia del mar no tiene fin. Y fue entonces, sólo entonces, que empezó a hablar de las sirenas".


Mario Benedetti

La sirena


Ray Bradbury


Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de bronce, y encendíamos los faros de niebla en lo alto de la torre. Como dos pájaros en el cielo gris, McDunn y yo lanzábamos el rayo de luz, rojo, luego blanco, luego rojo otra vez, que miraba los barcos solitarios. Y si ellos no veían nuestra luz, oían siempre nuestra voz, el grito alto y profundo de la sirena, que temblaba entre jirones de neblina y sobresaltaba y alejaba a las gaviotas como mazos de naipes arrojados al aire, y hacía crecer las olas y las cubría de espuma.

-Es una vida solitaria, pero uno se acostumbra, ¿no es cierto? -preguntó McDunn.

-Sí -dije-. Afortunadamente, es usted un buen conversador.

-Bueno, mañana irás a tierra -agregó McDunn sonriendo- a bailar con las muchachas y tomar ginebra.

-¿En qué piensa usted, McDunn, cuando lo dejo solo?

-En los misterios del mar.

McDunn encendió su pipa. Eran las siete y cuarto de una helada tarde de noviembre. La luz movía su cola en doscientas direcciones, y la sirena zumbaba en la alta garganta del faro. En ciento cincuenta kilómetros de costa no había poblaciones; sólo un camino solitario que atravesaba los campos desiertos hasta el mar, un estrecho de tres kilómetros de frías aguas, y unos pocos barcos.

-Los misterios del mar -dijo McDunn pensativamente-. ¿Pensaste alguna vez que el mar es como un enorme copo de nieve? Se mueve y crece con mil formas y colores, siempre distintos. Es raro. Una noche, hace años, todos los peces del mar salieron ahí a la superficie. Algo los hizo subir y quedarse flotando en las aguas, como temblando y mirando la luz del faro que caía sobre ellos, roja, blanca, roja, blanca, de modo que yo podía verles los ojitos. Me quedé helado. Eran como una gran cola de pavo real, y se quedaron ahí hasta la medianoche. Luego, casi sin ruido, desaparecieron. Un millón de peces desapareció. Imaginé que quizás, de algún modo, vinieron en peregrinación. Raro, pero piensa en qué debe parecerles una torre que se alza veinte metros sobre las aguas, y el dios-luz que sale del faro, y la torre que se anuncia a sí misma con una voz de monstruo. Nunca volvieron aquellos peces, ¿pero no se te ocurre que creyeron ver a Dios?

Me estremecí. Miré las grandes y grises praderas del mar que se extendían hacia ninguna parte, hacia la nada.

-Oh, hay tantas cosas en el mar -McDunn chupó su pipa nerviosamente, parpadeando. Estuvo nervioso durante todo el día y nunca dijo la causa-. A pesar de nuestras máquinas y los llamados submarinos, pasarán diez mil siglos antes de que pisemos realmente las tierras sumergidas, sus fabulosos reinos, y sintamos realmente miedo. Piénsalo, allá abajo es todavía el año 300,000 antes de Cristo. Cuando nos paseábamos con trompetas arrancándonos países y cabezas, ellos vivían ya bajo las aguas, a dieciocho kilómetros de profundidad, helados en un tiempo tan antiguo como la cola de un cometa.

-Sí, es un mundo viejo.

-Ven. Te reservé algo especial.

Subimos con lentitud los ochenta escalones, hablando. Arriba, McDunn apagó las luces del cuarto para que no hubiese reflejos en las paredes de vidrio. El gran ojo de luz zumbaba y giraba con suavidad sobre sus cojinetes aceitados. La sirena llamaba regularmente cada quince segundos.

-Es como la voz de un animal, ¿no es cierto? -McDunn se asintió a sí mismo con un movimiento de cabeza-. Un gigantesco y solitario animal que grita en la noche. Echado aquí, al borde de diez billones de años, y llamando hacia los abismos. Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí. Y los abismos le responden, sí, le responden. Ya llevas aquí tres meses, Johnny, y es hora que lo sepas. En esta época del año -dijo McDunn estudiando la oscuridad y la niebla-, algo viene a visitar el faro.

-¿Los cardúmenes de peces?

-No, otra cosa. No te lo dije antes porque me creerías loco, pero no puedo callar más. Si mi calendario no se equivoca, esta noche es la noche. No diré mucho, lo verás tú mismo. Siéntate aquí. Mañana, si quieres, empaquetas tus cosas y tomas la lancha y sacas el coche desde el galpón del muelle, y escapas hasta algún pueblito del mediterráneo y vives allí sin apagar nunca las luces de noche. No te acusaré. Ha ocurrido en los últimos tres años y sólo esta vez hay alguien conmigo. Espera y mira.

Pasó media hora y sólo murmuramos unas pocas frases. Cuando nos cansamos de esperar, McDunn me explicó algunas de sus ideas sobre la sirena.

-Un día, hace muchos años, vino un hombre y escuchó el sonido del océano en la costa fría y sin sol, y dijo: "Necesitamos una voz que llame sobre las aguas, que advierta a los barcos; haré esa voz. Haré una voz que será como todo el tiempo y toda la niebla; una voz como una cama vacía junto a ti toda la noche, y como una casa vacía cuando abres la puerta, y como otoñales árboles desnudos. Un sonido de pájaros que vuelan hacia el sur, gritando, y un sonido de viento de noviembre y el mar en la costa dura y fría. Haré un sonido tan desolado que alcanzará a todos y al oírlo gemirán las almas, y los hogares parecerán más tibios, y en las distantes ciudades todos pensarán que es bueno estar en casa. Haré un sonido y un aparato y lo llamarán la sirena, y quienes lo oigan conocerán la tristeza de la eternidad y la brevedad de la vida".
La sirena llamó.

-Imaginé esta historia -dijo McDunn en voz baja- para explicar por qué esta criatura visita el faro todos los años. La sirena la llama, pienso, y ella viene...

-Pero... -interrumpí.

-Chist... -ordenó McDunn-. ¡Allí!

-Señaló los abismos.

-Algo se acercaba al faro, nadando.
Era una noche helada, como ya dije. El frío entraba en el faro, la luz iba y venía, y la sirena llamaba y llamaba entre los hilos de la niebla. Uno no podía ver muy lejos, ni muy claro, pero allí estaba el mar profundo moviéndose alrededor de la tierra nocturna, aplastado y mudo, gris como barro, y aquí estábamos nosotros dos, solos en la torre, y allá, lejos al principio, se elevó una onda, y luego una ola, una burbuja, una raya de espuma. Y en seguida, desde la superficie del mar frío salió una cabeza, una cabeza grande, oscura, de ojos inmensos, y luego un cuello. Y luego... no un cuerpo, sino más cuello, y más. La cabeza se alzó doce metros por encima del agua sobre un delgado y hermoso cuello oscuro. Sólo entonces, como una islita de coral negro y moluscos y cangrejos, surgió el cuerpo desde los abismos. La cola se sacudió sobre las aguas. Me pareció que el monstruo tenía unos veinte o treinta metros de largo.
No sé qué dije entonces, pero algo dije.

-Calma, muchacho, calma -murmuró McDunn.

-¡Es imposible! -exclamé.

-No, Johnny, nosotros somos imposibles. Él es lo que era hace diez millones de años. No ha cambiado. Nosotros y la Tierra cambiamos, nos hicimos imposibles. Nosotros.

El monstruo nadó lentamente y con una gran y oscura majestad en las aguas frías. La niebla iba y venía a su alrededor, borrando por instantes su forma. Uno de los ojos del monstruo reflejó nuestra inmensa luz, roja, blanca, roja, blanca, y fue como un disco que en lo alto de una mano enviase un mensaje en un código primitivo. El silencio del monstruo era como el silencio de la niebla.
Yo me agaché, sosteniéndome en la barandilla de la escalera.

-¡Parece un dinosaurio!

-Sí, uno de la tribu.

-¡Pero murieron todos!

-No, se ocultaron en los abismos del mar. Muy, muy abajo en los más abismales de los abismos. Es ésta una verdadera palabra ahora, Johnny, una palabra real; dice tanto: los abismos. Una palabra con toda la frialdad y la oscuridad y las profundidades del mundo.

-¿Qué haremos?

-¿Qué podemos hacer? Es nuestro trabajo. Además, estamos aquí más seguros que en cualquier bote que pudiera llevarnos a la costa. El monstruo es tan grande como un destructor, y casi tan rápido.

-¿Pero por qué viene aquí?

En seguida tuve la respuesta.
La sirena llamó.
Y el monstruo respondió.

Un grito que atravesó un millón de años, nieblas y agua. Un grito tan angustioso y solitario que tembló dentro de mi cuerpo y de mi cabeza. El monstruo le gritó a la torre. La sirena llamó. El monstruo rugió otra vez. La sirena llamó. El monstruo abrió su enorme boca dentada, y de la boca salió un sonido que era el llamado de la sirena. Solitario, vasto y lejano. Un sonido de soledad, mares invisibles, noches frías. Eso era el sonido.

-¿Entiendes ahora -susurró McDunn- por qué viene aquí?
Asentí con un movimiento de cabeza.

-Todo el año, Johnny, ese monstruo estuvo allá, mil kilómetros mar adentro, y a treinta kilómetros bajo las aguas, soportando el paso del tiempo. Quizás esta solitaria criatura tiene un millón de años. Piénsalo, esperar un millón de años. ¿Esperarías tanto? Quizás es el último de su especie. Yo así lo creo. De todos modos, hace cinco años vinieron aquí unos hombres y construyeron este faro. E instalaron la sirena, y la sirena llamó y llamó y su voz llegó hasta donde tú estabas, hundido en el sueño y en recuerdos de un mundo donde había miles como tú. Pero ahora estás solo, enteramente solo en un mundo que no te pertenece, un mundo del que debes huir. El sonido de la sirena llega entonces, y se va, y llega y se va otra vez, y te mueves en el barroso fondo de los abismos, y abres los ojos como los lentes de una cámara de cincuenta milímetros, y te mueves lentamente, lentamente, pues tienes todo el peso del océano sobre los hombros. Pero la sirena atraviesa mil kilómetros de agua, débil y familiar, y en el horno de tu vientre arde otra vez el juego, y te incorporas lentamente, lentamente. Te alimentas de grandes cardúmenes de bacalaos y de ríos de medusas, y subes lentamente por los meses de otoño, y septiembre cuando nacen las nieblas, y octubre con más niebla, y la sirena todavía llama, y luego, en los últimos días de noviembre, luego de ascender día a día, unos pocos metros por hora, estás cerca de la superficie, y todavía vivo. Tienes que subir lentamente: si te apresuras; estallas. Así que tardas tres meses en llegar a la superficie, y luego unos días más para nadar por las frías aguas hasta el faro. Y ahí estás, ahí, en la noche, Johnny, el mayor de los monstruos creados. Y aquí está el faro, que te llama, con un cuello largo como el tuyo que emerge del mar, y un cuerpo como el tuyo, y, sobre todo, con una voz como la tuya. ¿Entiendes ahora, Johnny, entiendes?

La sirena llamó.
El monstruo respondió.

Lo vi todo... lo supe todo. En solitario un millón de años, esperando a alguien que nunca volvería. El millón de años de soledad en el fondo del mar, la locura del tiempo allí, mientras los cielos se limpiaban de pájaros reptiles, los pantanos se secaban en los continentes, los perezosos y dientes de sable se zambullían en pozos de alquitrán, y los hombres corrían como hormigas blancas por las lomas.

La sirena llamó.

-El año pasado -dijo McDunn-, esta criatura nadó alrededor y alrededor, alrededor y alrededor, toda la noche. Sin acercarse mucho, sorprendida, diría yo. Temerosa, quizás. Pero al otro día, inesperadamente, se levantó la niebla, brilló el sol, y el cielo era tan azul como en un cuadro. Y el monstruo huyó del calor, y el silencio, y no regresó. Imagino que estuvo pensándolo todo el año, pensándolo de todas las formas posibles.
El monstruo estaba ahora a no más de cien metros, y él y la sirena se gritaban en forma alternada. Cuando la luz caía sobre ellos, los ojos del monstruo eran fuego y hielo.

-Así es la vida -dijo McDunn-. Siempre alguien espera que regrese algún otro que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, quienquiera que sea, para que no nos lastime más.
El monstruo se acercaba al faro.

La sirena llamó.

-Veamos qué ocurre -dijo McDunn.
Apagó la sirena.

El minuto siguiente fue de un silencio tan intenso que podíamos oír nuestros corazones que golpeaban en el cuarto de vidrio, y el lento y lubricado girar de la luz.
El monstruo se detuvo. Sus grandes ojos de linterna parpadearon. Abrió la boca. Emitió una especie de ruido sordo, como un volcán. Movió la cabeza de un lado a otro como buscando los sonidos que ahora se perdían en la niebla. Miró el faro. Algo retumbó otra vez en su interior. Y se le encendieron los ojos. Se incorporó, azotando el agua, y se acercó a la torre con ojos furiosos y atormentados.
 -¡McDunn! -grité-. ¡La sirena!

McDunn buscó a tientas el obturador. Pero antes de que la sirena sonase otra vez, el monstruo ya se había incorporado. Vislumbré un momento sus garras gigantescas, con una brillante piel correosa entre los dedos, que se alzaban contra la torre. El gran ojo derecho de su angustiada cabeza brilló ante mí como un caldero en el que podía caer, gritando. La torre se sacudió. La sirena gritó; el monstruo gritó. Abrazó el faro y arañó los vidrios, que cayeron hechos trizas sobre nosotros.
McDunn me tomó por el brazo.
 -¡Abajo! -gritó.

La torre se balanceaba, tambaleaba, y comenzaba a ceder. La sirena y el monstruo rugían. Trastabillamos y casi caímos por la escalera.
 -¡Rápido!

Llegamos abajo cuando la torre ya se doblaba sobre nosotros. Nos metimos bajo las escaleras en el pequeño sótano de piedra. Las piedras llovieron en un millar de golpes. La sirena calló bruscamente. El monstruo cayó sobre la torre, y la torre se derrumbó. Arrodillados, McDunn y yo nos abrazamos mientras el mundo estallaba.
Todo terminó de pronto, y no hubo más que oscuridad y el golpear de las olas contra los escalones de piedra.
Eso y el otro sonido.

-Escucha -dijo McDunn en voz baja-. Escucha.

Esperamos un momento. Y entonces comencé a escucharlo. Al principio fue como una gran succión de aire, y luego el lamento, el asombro, la soledad del enorme monstruo doblado sobre nosotros, de modo que el nauseabundo hedor de su cuerpo llenaba el sótano. El monstruo jadeó y gritó. La torre había desaparecido. La luz había desaparecido. La criatura que llamó a través de un millón de años había desaparecido. Y el monstruo abría la boca y llamaba. Eran los llamados de la sirena, una y otra vez. Y los barcos en alta mar, no descubriendo la luz, no viendo nada, pero oyendo el sonido, debían de pensar: ahí está, el sonido solitario, la sirena de la bahía Solitaria. Todo está bien. Hemos doblado el cabo.
Y así pasamos aquella noche.
A la tarde siguiente, cuando la patrulla de rescate vino a sacarnos del sótano, sepultados bajo los escombros de la torre, el sol era tibio y amarillo.

-Se vino abajo, eso es todo -dijo McDunn gravemente-. Nos golpearon con violencia las olas y se derrumbó.
Me pellizcó el brazo.
No había nada que ver. El mar estaba sereno, el cielo era azul. La materia verde que cubría las piedras caídas y las rocas de la isla olían a algas. Las moscas zumbaban alrededor. Las aguas desiertas golpeaban la costa.

Al año siguiente construyeron un nuevo faro, pero en aquel entonces yo había conseguido trabajo en un pueblito, y me había casado, y vivía en una acogedora casita de ventanas amarillas en las noches de otoño, de puertas cerradas y chimenea humeante. En cuanto a McDunn, era el encargado del nuevo faro, de cemento y reforzado con acero.
 -Por si acaso -dijo McDunn.

Terminaron el nuevo faro en noviembre. Una tarde llegué hasta allí y detuve el coche y miré las aguas grises y escuché la nueva sirena que sonaba una, dos, tres, cuatro veces por minuto, allá en el mar, sola.
¿El monstruo?
No volvió.

-Se fue -dijo McDunn-. Se ha ido a los abismos. Comprendió que en este mundo no se puede amar demasiado. Se fue a los más abismales de los abismos a esperar otro millón de años. Ah, ¡pobre criatura! Esperando allá, esperando y esperando mientras el hombre viene y va por este lastimoso y mínimo planeta. Esperando y esperando.

Sentado en mi coche, no podía ver el faro o la luz que barría la bahía Solitaria. Sólo oía la sirena, la sirena, la sirena, y sonaba como el llamado del monstruo.
Me quedé así, inmóvil, deseando poder decir algo.


FIN

01 mayo 2012

Acercándose la noche



Acercándose la noche, otro día que se va. Así, el devenir continúa en el refugio japonés enmaderado, austero, mínimo. La rectangular habitación parece más grande. Alex se convence de que otra no le queda…, solo aceptar la tregua concedida por su ahora ex situación laboral esclavizante. Es dueño de su “propio” tiempo –piensa–. El infinito océano magnético y terrible de las incertidumbres recobra ferozmente sus abismales profundidades. Intenta vanamente pescar con interrogantes, a modo de anzuelos inmateriales, alguna respuesta imperecedera. Los imbéciles –se dice– están llenos de certezas y él, repleto de dudas. Maldita paradoja, murmura mirando al suelo…, aún mantengo mi juventud…, no me convierto en un mono-robotizado-hipnotizado-consumista-zombificado.

El subterráneo vehículo le ejemplifica la relatividad. Aislado auditivamente, Alex se reformula la realidad a cada momento, con cada sonido emitido por su aparato sonoro… Ese reflejo en el cristal…, “mi” reflejo… ¿ya no me pertenece…, o… alguna vez me perteneció?... Tantos reflejos, movimientos e individuos merecerían interminables análisis, interminables  laberintos especulares, pero él evita caer en ellos. Admira y detesta en proporción variable a quienes tan livianos van por la vida, sin preguntarse siquiera algo existencial. Van tan confiados de que tienen el control de sus vidas. Alex se ríe, por no llorar… ¿Para qué llenar con más lágrimas  ese terrible océano de dudas?

La tentación es tan dulce, tan cálida, tan confortable. Crearse una realidad a medida y creerse su dios. Tener el control. Tener la gloria…, ser su dueño. Por momentos, Alex detecta en los otros la sospecha de que él es distinto y en consecuencia… peligroso. Hábilmente,  con trucos verbales y ademanes, marea a quien sospecha y luego huye, ya que se sabe falible. Se cuida al mínimo detalle de no revelar… “su” secreto…, de no perturbarlos, porque… ¿Para qué arrancarlos de su letargo?... ¿Para qué crear nuevos nudos, que aseguren de manera novedosa los anzuelos inmateriales?..., para luego cargar con esa pesada responsabilidad… Y con las posteriores frustraciones por no poder aportarles respuestas…, solo compartir ilusoriamente alguna fantasmal embarcación, algunos trozos de lógica razón, gélidos trozos como de hielo.                              
Alex aborrece esa recurrente sensación de ordenar cosas que obstinadamente, ante el mínimo descuido, aparezcan caóticamente flotando otra vez. De sentir la culposa sensación de estar perdiendo el tren del tiempo…

—«Esta curva es muy cerrada», –sospechó que le dijo la señorita que estaba justo enfrente de él–. Confiado en su frágil cordura, se quitó los tapones sonoros.

—Pues sí…, por momentos…si cierras los ojos, la curva parece no tener fin.

La chica, joven veinteañera desaliñada, bonita y pálida sin sol, le dijo:
               
       —Es que es… es infinita. Estamos hace casi una hora girando hacia la izquierda  y no llegamos a la estación.

La sensación de vértigo fue instantánea. Alex, casi siempre observando lo surreal con cierta soberbia, ahora se sentía en pánico. Tanto estar al límite de lo real… que lo imposible parecía manifestarse. Manteniendo la poca calma, la poca que puede tener un náufrago aferrado a un trozo de hielo en un mar tropical, le respondió:

—Este, eeee… eso que dices, debo decirte, que es producto de tu imaginación. Estamos en la línea amarilla rumbo a la playa. En esta línea de metro no existen las curvas infinitas.

—Aaaaa… y entonces… ¿Por qué no hay suelo…, ni rieles?

 El horror era lo próximo. Su frágil cordura se evaporaba, junto a la helada calma. Sin mediar palabra, sonido o gesto facial, Alex se paró de un salto sin doblar las rodillas y se aproximó a la ventanilla… Y en efecto…, el horror ya es presente. Para su espanto, el suelo y los rieles… no estaban. ¡No estaban!  Algo similar a un líquido invadía los laterales exteriores del vagón hasta el borde inferior de las ventanillas. La pálida chica sacó un cigarrillo y con gran tranquilidad lo encendió. En ese mismo momento, como para reforzar más la desesperación, se fue la electricidad del vehículo subterráneo. Sólo el anaranjado resplandor de la pitada reflejado en el pálido rostro, era visible.

El acordeón sonó estrepitosamente. Los dos hombres inmigrantes morenos, sudados, con  alegría prementalizada y sonrisa de cursillo norteamericano de marketing, danzaban lateralmente con la mirada perdida. Uno generaba sonidos que parecían un tango acelerado, el otro, seguía con movimientos automatizados el ritmo.

«Una moneda amigo, una moneda por show música amigo». –Dijo con exigencia cordial el bailarín a Alex–. El paki bailarín, ante la ausencia de respuesta, se alejó de Alex con cierto pavor.

 —Sé que no se puede fumar en el metro, pero me da igual.  Esas palabras, como salidas de alguna caverna cercana, acomodaron a Alex en su asiento nuevamente. Por impulso, por apego a las normas o por no revelar “su” secreto, le respondió:

 Apagá ese cigarro ya, que nos van a meter una multa, nena.

—¡Saliendo sigue agua, tarado!.

—¡Es que pegar yo a otro conducto!... yyyy ya estropeé el plan… ¡el plan estropeee Gregoooorioooo!

—Eres definitivamente un pelmazo Kairo, no sé para que te saqué de allí. Ahora tendremos que matarnos. ¡Otra vez!... ¡Y vaya a saber dónde apareceremos…!

Ambos repitieron, una vez más, el funesto ritual.

—Está todo rojo, bueno, anaranjado Gregorio... Qué rostro tan delicado ese, ¿lo ves? Tan pálida, tan bonita. Tiene que tomar más sol ese bonita señorita.

—¡Kairo!, concéntrate en lo oblicuo, que si no, no salir más de aquí.

—Estoy harto de tocar siempre el mismo tanguito, y tú siempre pareciéndote a un desgarbado mono bailarín.

—Ya casi llegamos Kairos, ya casi... ¡Que suene un poco más, solo un poco más y… saltamos!

—Parece que melenudo ese nos reconoció… ¡Gregorio… pídile urgente la llave... bueno… una moneda, ya! ¡Apresurarte!

—¡No reacciona, Kairo… no reacciona…vio el agua, vio el agua!  Está a la mitad, no responde, se fue…

—¡La que armaste pelmazo de Kairo rompiendo los conductos…, saltar ahoooora!

—Por más que me lo digas, lo seguiré haciendo…. Y si me pescan, pues les muestro una teta y listo… ¿vos viste como se retuercen estos reprimidos ante apenas un fragmento desnudo.

—¡Baaaasta Gloria!  ¡Esos jueguitos eróticos no me causan gracia, para nada! ¡O apagás el cigarro ya mismo, o me voy!

       —Andate Alex…, ya volverás…como siempre…, volverás

               «Pero qué le pasa a esta pendeja... si… si…si esos pálidos, blancos, duros y pequeños pechos son míos. ¡Míos! Yo le pago a Gloria los cigarrillos y las clases de levitación y los trozos de helada calma y los rayos de sol empaquetados y los…, que nunca utiliza por cierto… ¡mejor que no los usa!… Me gusta así…, tan pálida…, tan eterna. Además, si estamos en esta dimensión del intercambio, pues no solo sobre su pecho reino, sino sobre ¡toda ella!, sobre toda ella tengo mi dominio. Y encima que ahora  fui exonerado de la condena laboral, debería acompañarme más. Ella está obligada ¡obligada! a darme lo que quiera. Yo pago... ¡yo pago! Uuffffff… debo regresar…, mejor regreso… A ver si la agarran y la violan algunos energúmenos».

Alex volvió sobre sus pasos, pensando. El tren aún giraba hacia la izquierda… Parecía infinita la curva. Unos músicos, dos, de apariencia extranjera, de Pakistán o por ahí, metían disimulada y rápidamente unas herramientas justo debajo del asiento de Gloria. ¡Justo ahí abajo, habiendo cientos!  Y de yapa… ¡La humareda que está haciendo la caprichosa de Gloria!… ¡Y  estos pakis meten sus cosas ahí abajo…, justo ahí debajo!

Gloria, siempre tan imperturbable, esta vez reaccionó. Intentó detener a los músicos en su afanosa labor de romper y forzar los conductos hidráulicos de la puerta lateral del vagón. Ensañado, uno de ellos logró quebrar la unión del caño con la puerta y esta se abrió de repente.

            —¡Saltar ya Kairo!... ¡Ya es ya!... ¡Ahora!

—¡Hay agua mucha todavía Gregoooorio!

—¡Pues aguantar tus consecuencias Kairo… pelmazo… saltar ya!


 Saltaron. Los dos morenos, saltaron. El impacto fue terrible. Fue instantáneo…, unas amorfas manchas viscosas era lo único que quedaba de ellos…



Carn Edeluz