30 noviembre 2010

LAZA (Orense,Galicia)

 Baltasar en Laza, casa del abuelo.Diciembre 2009

29 noviembre 2010

Amo de casa perfecto.

Akita

Esta perra sí que tiene "los patitos en fila"

25 noviembre 2010

"El bote"

                                                                    Roman La Brando


Nada, arriba no había nada, solamente el cuadrado del cielorraso descolorido y descascarado; pero nada más. No lo que esperaba ver. Ese sonido lo tenía obsesionado, puntualmente obsesionado. Y claro, siempre a la misma hora (23:16) desde hacía casi un mes.       

       Era un sonido seco, como el de un golpe dado con un mazo de madera. No demasiado fuerte, pero audible aún con la radio encendida, que permanecía todo el día en la misma estación de música clásica.

       Su imaginación le decía que ese ruido provenía de un bote, un viejo bote que intentaba meter su proa en el techo. Pero arriba del cielorraso había una losa y sobre ésta cuatro pisos más de míseros departamentos, todos como el suyo.

       Hacía ya dos meses que no trabajaba. Había abandonado su empleo; se dijo a sí mismo que debía tomarse vacaciones, que estaba cansado de la rutina y de toda esa gente que le hacía preguntas continuamente. Como tenía suficientes ahorros para mantenerse por dos o tres años, no le preocupaba demasiado el no tener ingresos. Y era un tipo que no gastaba mucho; hacía sus compras en el mercado y cocinaba para él y para el pequeño gato que un día había entrado por la ventana y se había quedado hasta ahora.

        Lo del bote le venía a la cabeza por una vez (única) que estuvo en uno e intentó remar; el bote se le iba contra el muelle y hacía ese sonido. El mismo que ahora escuchaba todos los días a esa hora, a las 23 y 16.

   

        Se levantó y vistió despacio como lo hacía siempre. Fue al baño, se lavó la cara y cepilló los dientes. No se bañó, se duchaba una vez por semana; no tenía agua caliente y calentar la olla en el anafe le resultaba tedioso. Abrió la heladera, sacó un sachet de leche, lo miró… buscó la fecha, Jul-19-05. Estaba bien –se dijo a sí mismo–. Echó un poco en un pequeño bol de acero inoxidable.
         
       —¡Misss… misss… missss...!

       Puso la pava a calentar, preparó el mate y subió el volumen de la radio. El gato levantó la cabeza, los bigotes mojados de leche, se sacudió y dijo:

       —¡No, Dvorak otra vez...! dígame hombre, ¿por qué no cambia de radio...?
       —Disculpa gatito, pero estás equivocado, no es Dvorák, es Ligeti, nada que ver con el checo.

       —Bah, a mí me suena igual. A propósito… la leche está un poco agria, ¿vio la fecha de vencimiento
       —Sí, sí… está bien, vence el 19 y hoy es… hoy es… ¿hoy qué día es?
       —No sé, creo que viernes, fíjese en el almanaque que está en la heladera.
       —Ahá… viernes 22 de Julio de 2005. Está bien, pero no es para tanto…, si no la quieres no la tomes.



       Salió a la calle, sintió en su cara el viento suave y fresco. Caminaba despacio, despreocupado, mirando todo. Observaba los árboles, las veredas, las ventanas, como si fuese la primera vez que veía ese barrio, el camino hacia el parque lo había hecho tantas veces... Cruzó la calle y al llegar a la vereda percibió un resplandor; junto al cordón vio algo que brillaba y se agachó. Era una moneda, y parecía de oro. ¡De oro! La observó detenidamente; en una de sus caras tenía un grabado como de una embarcación y del otro lado unos extraños símbolos y un nombre : Khárôn.

        Miró hacia todos lados y guardó la moneda en un bolsillo. La tomó nuevamente y la puso en otro pero la dejó en su mano fuertemente cerrada. Presuroso volvió sobre sus pasos y se dirigió al departamento. Al llegar a la puerta de calle antes de colocar la llave observó recelosamente a su alrededor. Abrió despacio, caminó por el pasillo hasta el fondo, miró hacia atrás, abrió la puerta de su departamento y entró. Cerró con dos vueltas de llave y con un pequeño pasador que casi nunca usaba porque estaba atascado con las sucesivas manos de pintura.


       —¿Ya de vuelta hombre, qué le pasó...?
       —No, nada gatito, nada… Solo que vine antes porque tenía un poco de frío. Eso es todo.



        El gato lo observó un instante y luego volvió al sillón donde pasaba la mayor parte del día. El hombre se quitó el gabán, se sentó en una silla y abrió su mano. La moneda le pareció más pequeña y pensó:

       —Es de oro… sí, debe valer…, sí bastante…, debe pesar…, es antigua sin duda…
   

       Miró nuevamente el grabado; un pequeño barco de un lado, del otro Khárôn y unos símbolos: MCI. ¿M C I? ¿Serían números romanos? ¿Mil ciento uno? O serían letras MCI… MCI, casualidad, eran sus iniciales. Mario César Inchénitu.

       Y se quedó pensando... Le vinieron imágenes de cuando era niño; mamá sonriendo... papá contento, papá enojado. Risas, festejos.... ruido de pirotecnia, papel picado. Imágenes multicolores. Luego andando en bicicleta, en moto... en el auto del tío. La vecinita de al lado de casa, el primer beso... un versito escrito con lápiz y un corazoncito rojo... rojo. Después bailando en las fiestas de quince años. Una mano suave y tibia... una mirada y un beso diferente, ardiente, inesperado. Después le vinieron otras imágenes, mujeres, juegos de cartas, una iglesia y un cura. Una calesita, un bebé que le sonreía…


       Se fijó en la hora, eran las once y cuarto de la noche. Qué barbaridad, cómo se había pasado la tarde; claro, ensimismado con la moneda no se había dado cuenta. El gato bajó del sillón y le dijo:

       —Lo he notado algo extraño desde que llegó… a propósito ¿qué es eso que tiene en la mano que mira continuamente?
       —Eh... nada nada, no tengo nada en la mano… ¿ves?    
       —Ah, sí... ¿y en la otra mano?


(Quiso esconder la moneda, no sabía dónde y girando un poco la cabeza se la metió en la boca). Le mostró la otra mano.
 

       —¿Ves ahora que no tengo nada? 

        En ese momento se escuchó un ruido seco. El sonido ese. ¡Ese! El gato lo observó de manera extraña, con sus ojos amarillos esta vez más grandes y fijos, susurró:

       —Es la hora, lo vienen a buscar.




                                                       •••••

20 noviembre 2010

Si un día...

Si un día fuera al revés,
llegara la muerte antes
toda la vida después.
Es así, quien lo dijera
que no hay hora más exacta
que la de un tiempo cualquiera.
Mi destino ya se fue
quiero vivir el recuerdo
del hombre que no seré.


Sin



Artificiales almas electromagnéticas
crujen por sentir.
Emergen por doquier,
intentándose transmitir
en falsas telepatias…
Son patéticas.

Espectrales cyber-egos
flotan mudos por retinas secas 
de cráneos huecos,
casi adoquinados.
Masificados zombies robots
sólo son portadores de ecos plastificados.
Vibrando al son del ritmo de la moda, 
como las ratitas de Hamelin,
en un ciclo sin fin.

Atrapados van,
sin sentido.
Sin sentir.
Sin latido.
Sin vivir.

                                  Carn Edeluz

16 noviembre 2010

"La Caja"

                                                                                     
                                                                                                     Roman La Brando

–Eh… hola.
Sí, qué tal… buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlo?
 

–Eh… estoy buscando una caja. –¿Una caja?mmm... ¿y por qué 
ha venido aquí? Aquí no vendemos cajas.
 

–Eh… sí, no, eh… mejor dicho ya sé. Ya sé que no venden cajas, 
pero yo no quiero comprarla, solo dije que estaba buscando una caja.
Bueno, de cualquier manera, acá no hay cajas.
 

–Eh… disculpe, ¿acá es la Central de Mitos Universales?
–Efectivamente, acá es.

–Eh… bueno, entonces no estaba equivocado. Yo soy el que está 
buscando“la” caja.
Bueno, hubiera empezado por ahí… ya se la alcanzo, y a  
propósito ¿trajo en qué llevarla?
 

–Eh… ¿es muy grande?
No, muy grande no es, más bien pequeña, pero bastante pesada.

–Eh… ¿cómo cuánto diría Ud. que pesa?
Algo así como 20 kg.

–Eh… bueno, no hay problema, la puedo llevar al hombro.
Pero al hombro…¿va a aguantar el calor?

Eh… ¿calor? ¿está caliente?
Y sí, está bastante caliente, imagínese que el contenido no está
 precisamente frío, jajajaja.

–Eh… pero, yo creía que la caja estaba vacía.
–¿Vacía,vacía? ¿Y para qué serviría una caja con lava del infierno
 vacía? sería solamente una caja, como cualquiera.

–Eh… bueno, ¿y cómo hago para llevarla entonces?
Y bueno, tendría que haber traído algo en que llevarla, como una 
carretilla o algo así…

–Eh… entonces me voy ahora y volveré mañana, voy a ver si puedo 
conseguir prestada una carretilla.
De acuerdo, lo esperaré mañana. Si por casualidad no estoy, 
acuérdese de la clave, si no no le van a dar la caja.

–Eh… bueno, pero ¿qué clave..? A Ud. no le dí ninguna clave.
Perdón, ¿cómo dijo? ¿que no tiene la clave? ¿qué es lo que 
 quiere Ud. acá?

–Eh… yo, yo venía a buscar una caja, “la” caja… eh. Ud. me dijo 
que sí.
–¿Qué caja? Acá no tenemos ninguna caja, Ud. se debe haber 
equivocado de piso.

–Eh… perdón, ¿acá es la Central de Mitos Universales?
–¿Qué? Por favor señor, retírese que estoy trabajando, no me haga
 perder el tiempo. Ya le dije, debe ser en otro piso lo que Ud. está 
buscando. Buenas tardes.

–Eh… eh…