29 junio 2010

"El Tren" (título inevitable)

   
Escuchaba cada vez más cercano el sonido del tren. ¿Seguro que era el tren? No estaba seguro; parecía un tren, lo que se acercaba hacia él lo parecía por la vibración, por el sonido.


     Pero de repente… ¡nada! Silencio… silencio absoluto, absolutísimo. (Había sucedido otras veces). Sólo se oía el silbido del viento pasando, rasando los postes del cableado muerto y los pocos arbustos fantasmales. Era un lugar inhóspito, donde ni siquiera había vías de ferrocarril, ni caminos asfaltados, ni engranzados o mejorados, solamente pequeños senderos meándricos que comenzaban y terminaban en ningún lugar.


     Se quedó contemplando una diminuta lagartija gris de inmensos ojos que intentaba mover una piedra, en busca de humedad o de algo para comer. Con la punta de su bota derecha empujó la piedra para ayudar al reptil, pero éste huyó inmediatamente hacia un tronco seco, y ahí quedó, inmóvil.


     Sintió un temblor en el suelo… cada vez más fuerte, más fuerte. Y de nuevo aquel ruido. Se agachó, colocó una oreja sobre el pasto reseco y se apretó sobre la tierra. El temblor y el ruido en un crescendo insoportable.


     Justo en el momento de ahogarse con un horrible gusto a sangre y un profundo dolor en su cabeza, el frío del acero del riel en su cara lo hizo estremecer y al mismo tiempo tuvo un instante, un infinitesimal instante de alegría. ¡Tenía razón... era el tren!








Roman La Brando

12.70

 

    

Al final era cierto. Es decir, después de todo no me había mentido. Era realmente un desconocido para mí; me lo había dicho tantas veces... [A mí no me conocés ] que tenía razón. Ahora resulta que no le gusta el repollo, antes se volvía loco. [Mi amor, que rico el repollito mamita, muac,muac...] No lo conocía ni lo conozco, ni sé siquiera quién fue, quién es ni que será… bah, mejor. Como decía mi abuela: "Más vale malo conocido que... ¿cómo era?, ¿bueno por conocer?... mmm, no entiendo bien ese refrán. En fin, el tema es que no-lo-co-noz-co, nunca lo conocí.
    
     Después de veintisiete años de estar casada con este tipo, me he dado cuenta que no sé quién es. Veintisiete años y tres hijos; mejor dicho dos, porque la nena no es de él…y de Andresito no estoy muy segura. Pero Carlitos que fue el primero sí; porque el tipo éste (ahora es el tipo éste, antes era Carlos…) había sido mi primer hombre, hasta que nació Carlitos.
  
     
     —¡Te dije mil quinientas veces que no me gusta el repollo!
    
     —¡ Ma sí, terminala!... así que ahora no te gusta más el repollo, ¿eh?
     

     —¡Nunca me gustó...! ¡¿cómo te lo tengo que decir...?! ¿Sos tarada vos?
     
     —Ah, como antes te gustaba…
     

     —¡¡No,no,noooo, no me gustó nunca, nunca...!! ¿No ves que ni me conocés?
     
      —Tenés razón… y vos a mí tampoco.
     
    
      El ruido del disparo fue terrible. Una 12.70 en interiores hace una explosión tremenda.
     Y bueno, ahora por lo menos no le gritaría más. Hace tiempo que le venía rondando la idea, pero creyó que nunca se animaría. Hasta hoy.



Roman La Brando